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lunes, 21 de julio de 2008

Besos escondidos

Azúcar en la sal, sonrisa en la lágrima, subir tras bajar, sabiduría en la inconsciencia, caricia en la mejilla sonrosada, incoherencia en el camino recto. Pero todo tiene un destino y un porqué. Difícil de entender y difícil de aceptar, pero todo sigue igual en lo alto de la escalera. Saludo al gato negro que pasó por debajo y le conmino hasta mañana, recordándole el fiestón que nos pegamos ayer los dos juntos. Y es que la noche fue tremenda, recordamos las veces que rompimos cirstales, aquella vez que tiramos la sal con el agua y nos quedamos en el desierto, la vez que pusimos el ojo en la boca del cañón y después nos miramos con cara de susto. Y mañana más. Quiero un vaso de clara (... o era claro) largo de limón hasta poner sonrisa amuecada o mueca asonrisada. Emborracharme por tozudez, por empecinamiento en vivir en el piso de arriba donde no hay alcohol ni inundaciones, sólo una mujer que me limpia cada vez que lleno de agua salada el piso de abajo. Y levantarme con la dulce resaca de una larga noche en la que el tuerto no dejó de mirarnos, pero que hoy sólo es un hombre que no ve bien. Porque no hay gato ni escalera, ni tuerto calavera, ni dios que quiera ni pueda alejarme de mis mañanas limoneras.
Aquí mi sonrisa dejo a tu vera, donde tus orejas me oigan y quieran escuchar mi beso de fiera escondido en la tristeza, a tu lado siempre pasajera.
No es lisonja ni artimañana cuando hablo de tales hazañas, es sólo seguridad y lamento, es sólo alma enamorada.

Limones mañaneros, amargos o dulzones a mi lado los quiero hasta que vistas sin mí de rojo fuego

1 comentario:

Gordita dijo...

Llego tarde pero llego...
Aunque al limón le va mejor la sal que el azúcar, espero endulzarte la vida.